Paterna revive el pacto de 1237 que selló la concordia entre Moros y Cristianos para cerrar cinco días de fiestas
Paterna revive el pacto de 1237 que selló la concordia entre Moros y Cristianos para cerrar cinco días de fiestas. Anoche, el sonido de los cascos de un caballo rompió la calma en los alrededores del Palacio de Paterna, actual casa consistorial. Un soldado del bando Moro, custodio de la Torre de la villa, anunciaba con urgencia la aproximación de un contingente cristiano. El temor se extendió de inmediato al pensar que podría tratarse de un ataque por sorpresa. De ser así, se violarían las capitulaciones firmadas en 1237 en El Puig de Santa María, que aseguraban a la población musulmana la posibilidad de mantener su fe, costumbres y propiedades bajo el dominio cristiano, a cambio de tributo.
Con la sospecha de una posible traición, el bando Moro se aprestó a defender su tierra. Pero, antes de desenvainar las espadas, fue el diálogo el que marcó el destino de aquella noche. El caballero Artal de Luna, en nombre del rey, se presentó ante el Caíd y el alférez moro. Tras un tenso intercambio de palabras, quedaron reconocidos los acuerdos previos. Pronto se supo que los soldados que avanzaban no eran un ejército invasor, sino la guardia de la Reina Na Violant, que llegaba a Paterna en son de paz.
La sorpresa fue aún mayor cuando, poco después, apareció el propio Jaume I, recién restablecido de las heridas de combate. El clímax llegó con el gesto solemne del Caíd: la entrega de la Torre y de la llave de la villa al Conqueridor. A cambio, el monarca juró respetar la convivencia de las dos culturas, sellando un pacto que convirtió a Paterna en “un solo pueblo”.
Así pudo ser. Este pasaje, situado en 1238, volvió a cobrar vida gracias a la representación organizada por Intercomparsas con el apoyo del Ayuntamiento de Paterna, una tradición que se inició en 1980 y que pone el broche de oro a cinco intensas jornadas de Fiestas de Moros y Cristianos y que supone un elemento diferenciador. Ante la fachada del Palacio Consistorial y bajo la mirada de cientos de vecinos, los comparseros se metieron en la piel de los protagonistas históricos: Eladio Hernández en el rol del Rey Jaume I, Claudia Portillo como Na Violant, Enrique Montaner encarnando al alférez cristiano, Jaume Tadeo en el papel de Caíd moro, y Javier Roig como alférez moro.
Antes de la representación, la villa vibró nuevamente con la música, pólvora y colorido de un último desfile en el que participaron todas las comparsas. El fuego, tan presente en los desfiles del fin de semana, volvió a ser protagonista a las puertas del Ayuntamiento. Finalmente, las banderas Mora y Cristiana que habían ondeado en el balcón del Ayuntamiento desde el jueves fueron arriadas, marcando oficialmente el final de las fiestas.
Con el arriado de banderas se escenificó también el relevo de capitanías: el próximo año, los Moros Realistas tomarán la responsabilidad en el bando Moro y los Cavallers Templaris en el Cristiano. Así, Abbasies y Guardianas de Sibila cerraron con brillantez su ciclo festero, dejando su impronta como Capitanías del 2025.
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