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Opinión de Jesús Pérez Rubio: ‘Bares, qué lugares’

Bajo a Valencia a realizar menesteres varios, Va pasando la mañana entre visitas, asuntos y demás cuando mi estómago clama: ¡Eh, que estoy aquí! ¿Qué passaa?

Vaya, ni hora de almorzar ni del aperitivo, tendré que resolver con un pinchito de tortilla y ya está. Buscaré un bareto, que estando en El Cap y Casal, no deben faltar.

En seguida aparece el primer bar. Varias señoras, no observo varón, están tomando cortaditos o similares y bollería. Me asomo a la barra para dejarme seducir, pero… sólo veo croissants, ensaimadas y zarandajas de ese estilo. Nada acorde a lo que yo necesito, claro.

Sigo calle abajo en mi búsqueda. Un toldo y dos mesitas llaman mi atención; “Döner Kebab” leo a la entrada. No, no es el momento, seguiré.

“The Good Burguer”, no, sólo busco un pinchito, me digo, y continúo.
“La Petite brioche”, ¡Vamos no me jorobes hombre! Blasfemo mientras empiezo a

mosquearme.
“Panaria”, ¿Pero ¿qué me estás contando? Y me tropiezo con un “Koop food & Coffe” mientras entro en depresión y un “Starbucks” cuando ya tiro mano del mechero. ¡El próximo lo quemo, lo juro!
Pero de repente allí está. Toldo y cuatro mesas… “Amparo, tapas y bocadillos”. Dios existe, me persigno mirando al cielo. Salto al interior como un gorrino al fango y me dirijo al expositor con los ojos más saltones de lo normal. ¡Mi gozo en un pozo! La tal Amparo ha decidido trabajar poco hoy. Una bandeja con migas de atún de color cetrino; otra con lonchas de bacón que tuvieron mejores tiempos; y una tercera, con dos longanizas y tres chorizos pasados por la plancha hace varios días, me miran burlonas desde su escaparate. ¿No tienes tortillita? Sollozo. “Para no mentirte, tengo, pero no es de hoy, por eso no la he puesto, es que acabamos de abrir…” Y de cerrar, pienso. ¡Pero tengo apetito! “Ponme, por favor, un choricito en un trocito de pan y una copita de vinito” enfatizo los “hitos” y trato de sonreír. La camarera (Ignacia) también me sonríe. Observo que de diez piños le faltan al menos ocho. Ha tenido mucha vida la pobre, pienso ¿Te caliento el chorizo? Sí gracias, (así matas los gérmenes) murmuro. ¿Qué vino quieres? Y me señala una estantería en la que hay sólo dos botellas y de la misma marca. Pues… a ver… el que más te guste, le digo jocoso. “Pues ésta, es que tenemos pocos vinos porque acabamos de abrir…” Sí, sí y de cerrar hoy mismo, sigo pensando mientras observo la TV de 90 pulgadas colgada en la pared.
Me siento en una mesa alta, con dos taburetes altos mientras contemplo la calle con sus seis

carriles de coches, autobuses, monopatines y bicis. ¿Qué hago aquí? Murmuro mientras se me pegan las mangas en la mesita. “Ahora te paso un paño, que no me ha dado tiempo…” grita la bajita Ignacia desde el otro lado de la barra. Claro con todo este gentío, pienso mientras contemplo a los dos únicos clientes del bar, un abuelito y su perrete, que dormitan en la terraza. “…Perdone, es que…” oigo. Me viene con la botella y el sacacorchos “Sólo tenemos un sacacorchos y aún no me aclaro… como acabamos de abrir jejeje “ y vuelve a enseñarme los dos piños, uno de ellos careado, por cierto. No te preocupes, me dedico a esto. “¿Ah sí, tiene un bar?” No, me dedico a beber, sonrío cómplice. Creo que no lo capta.

“Voy a por el chorizo”. Llámale, que igual viene él solo, sigo rumiando. Diez minutos después me acerco a la barra. Ya lo cojo yo. le digo solícito viendo que se está liando con el plato y la servilleta. “Es que la jefa me ha dejado sola…” No, me digo, la jefa lo que ha hecho ha sido huir. Y Añade “Es que no encontraba las servilletas…” Esta vez el atajo yo. Claro, como acabáis de abrir… jajaja río. Jejejé ríe, y su boca catapulta trocitos de algo capturado tras la barra.

¿Quiere café? No, lo que quiero es salir de aquí, digoooo… No gracias, la cuenta cuando puedas.

Mira la caja con pantalla táctil y las tapas grabadas a la vista, el dedo levantado al aire, indecisa, entrecerrando los ojos… ¡Claro, pienso, como acaban de…!!

No te preocupes, sácala a mano, esas máquinas son complejas….

¡Dejo propina claro! Me ha caído bien. Le deseo suerte.
¡Sé que no volveré a verla!

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